Una mirada a la curiosidad y el asombro

Una mirada.

Una piedra con aristas.

Tus palabras.

Sombras que cruzan.

El murmullo de los arboles.

Un ladrido que se escucha.

La calle por la que pasa,

un semáforo que invita.

Montón de arena que llama.

Luces que se divisan.

Hojas que caen en el suelo.

Las palabras del abuelo.

Un balón que gira y gira.

Un espejo en que se mira.

El aire que suena en su cara.

El sonar de una guitarra.

El sol, la luna, la noche.

Los motores de los coches.

Maderas que hacen castillos.

El cri cri que hacen los grillos.

Las risas abigarradas.

Los llantos que no se apagan.

El correr del agua nueva.

Un cubo lleno de arena.

Tantas y mas,

tantas y mas…

Mas, mas, muchas mas.

Tantas como el infinito,

tantas que no te repito,

tantas como los granos

del cereal del verano.

¿Y por que te cuento esto?

Porque otro modo no encuentro

de maravillarme y mas

ante la curiosidad

del niño que mira solo

del que se asombra con todo,

del que mira con recelo,

del que observa con anhelo.

                    Soñar despierto

Alberto

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