¿Por qué el tema de este mes es la autonomía?

            El la formación del Técnico Superior en Educación Infantil hay distintos lugares en los que se hace referencia a la autonomía. Uno de ellos, el mas visible es el Módulo (asignatura) que recibe este mismo nombre “Autonomía personal y salud infantil”. Los contenidos que propone el diseño curricular, están relacionados con la adquisición de las habilidades de autocuidado básicas para la vida de una persona (en nuestro contexto cultural). Los contenidos que forman parte de este Módulo están relacionados con el hecho de adquirir el hábito de comer solo, de lavarse manos y dientes o del control de esfínteres.

            Este planteamiento se extiende hasta la escuela infantil donde vemos que estos hábitos o capacidades adquieren categoría de logro curricular y centran gran parte de la energía de educadoras, niños y familias. Quizás, el ejemplo mas claro, es el del control de esfínteres, sin el cual parece imposible que te gradúes en guardería.

            Y la autonomía podría terminar ahí y en muchos casos lo hace.

            Sin excluir el planteamiento anterior, en nuestro equipo hablamos también de otra forma de autonomía. Esta tiene que ver con la forma de entender el desarrollo y el aprendizaje. Partimos de la idea de que la consecución de los hitos fundamentales del desarrollo, en esta primera etapa, se da cuando el niño tiene un ambiente en el que puede moverse libremente por el espacio de acuerdo a sus capacidades, cuando el niño puede elegir qué hacer (y qué no hacer) de entre un número de posibilidades variadas y seguras y cuando puede relacionarse libremente con los demás. En un contexto en el que se dan estos tres requisitos, el niño experimenta los límites de sus posibilidades motoras, cognitivas y relacionales y, de esa confrontación, entre lo que quiere y lo que puede, surge la idea de sí mismo.

           La idea central la encontramos en Pickler, pero luego la rastreamos detrás de cada experiencia de escuela que nos gusta y de cada planteamiento con el que nos sentimos identificados. La hemos visto traducida a la práctica en muchos lugares y experiencias, en espacios para el movimiento autónomo de bebés, en propuestas de actividades variadas y en modelos de escuela. En todas estas propuestas ha habido un elemento que garantiza esas condiciones de autonomía, que es la figura del adulto, el acompañante o la educadora.

            El trabajo de la persona que acompaña es el requisito esencial de la autonomía, por varias razones ya expresadas (porque propone y dispone todo aquello que permite la actividad). Pero hay un elemento sin el cual la autonomía no existe y es la seguridad afectiva. No hay exploración en el niño si no existe la seguridad que proporciona un vínculo afectivo. Nos lo dijo Viçens Arnáiz el curso pasado (y seguro que no lo inventó él): autónomo no quiere decir solo. El niño autónomo debe estar con alguien que lo mire, lo acompañe, lo atienda y lo quiera. Y solamente bajo esas condiciones se separará y buscará en el exterior las experiencias que le permitan crecer, aprender, desarrollarse, relacionarse, en definitiva, ser.

            Por todo lo anterior, la idea de autonomía forma parte de nuestra cómo entendemos, no ya la educación infantil, sino el desarrollo humano. Y por ello la hemos incorporado a nuestro planteamiento como docentes, no solo en el Módulo de “Autonomía personal y salud infantil”, sino como eje metodológico general y particular. Y por ello también, ocupa un lugar destacado en este Proyecto Miradas.

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