MIRADAS DE ENERO. REFLEXIÓN DE VICKY GÓMEZ

Ana, Madre de día, El nido de Ana.
Mirando esta foto me viene a la cabeza uno de los momentos más felices de mi infancia, cuando tenía 4 ó 5 años y mi padre me contaba cuentos. No había una sola noche en que él no me contara un cuento para dormir: el gallo Quirico, Ricitos de oro y los tres osos, Juan el habichuela, Los tres cerditos… y todos esos cuentos que a mí me entusiasmaban y que terminaba aprendiendo de memoria, tanto que, si mi padre cuando me los leía cambiaba una sola palabra, ahí estaba yo para rectificarle y decirle la palabra correcta.
También recuerdo como todas las semanas mi madre me llevaba al bibliobus. Ese bibliobus al que me encantaba subir para descubrir nuevos libros, nuevas historias…y lo ilusionada que bajaba de él con el nuevo libro que iba a leer durante la semana.
He tenido la suerte de que mis padres se desvivieran por mí y crecer con su cariño y su tiempo, aunque tuvieran sus trabajos.
Recuerdo también como mis hermanas, al ser yo la hermana pequeña, me descubrían todas las cosas que se podían hacer en mi ciudad dorada. Ellas me animaron a apuntarme a la Escuela Municipal de Música “Santa Cecilia”, a las clases de gimnasia rítmica, de baile español, … y también a muchas actividades en las que me relacionaba con otros niños y profesores de los que aprendí muchas cosas: al coro de la iglesia de San Mateo, al grupo de tiempo libre de la Iglesia de Fátima… también me llevaban todos los sábados al Teatro para niños de Caja Duero, al cine…
Todo esto que viví de pequeña ha enriquecido mi vida adulta y todo se lo debo a ellos y es que como decía Michael Ende en su libro “Momo”: “El tiempo es vida y la vida reside en el corazón”.

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