LA IMPORTANCIA DE MIRAR

Para escribir esta reflexión he consultado un par de diccionarios y algún libro que otro, pero no me ponía de acuerdo con ellos y finalmente decidí desmarcarme del rigor semántico y hacer una interpretación de andar por casa, que manipula las palabras y sus significados, para poder jugar con la idea que quiero transmitir.

En nuestro idioma hay varios verbos que nos conectan visualmente con el mundo exterior: ver, mirar, percibir. Incluso, darse cuenta, observar, percatarse, notar, etc…

Si se tienen pretensiones científicas,  se debe usar el verbo observar, que da nombre, incluso, a una técnica aplicada a la investigación. Cuando se usa de este modo, la observación puede estar estructurada previamente o no, pero en cualquier caso, estará controlada por los mecanismos que el método de investigación exija.

En educación, lo sabemos todos los que nos dedicamos a esto,  se observa. En la vida mucho menos. Me di cuenta de ello por primera vez cuando me lo dijo Miguel, que trabajaba en “Los Charros“ y participa en este Proyecto. Cuando le pregunté en qué se basaba para observar a los niños con los que trabajaba, me contestó: yo no observo a los niños con los que trabajo, sino que me sitúo a su lado, de la misma forma que no observo a mi hija, sino que vivo a su lado.

Con esta frase, Miguel me abrió la puerta de un proceso de reflexión acerca de las gafas con las que miramos a los niños y niñas. Estas están llenas de hitos evolutivos y con ellas, se ve lo que se tiene que ver: si el niño habla, si anda, si hace tal o cual cosa en tiempo y forma. Son útiles para la detección de las necesidades prefabricadas de niños y niñas, pero no para conocerlos desde la profundidad de lo que expresan.

La otra Mirada es la de la vida, la que nos construye, la que reclaman nuestro hijos cuando nos dicen con insistencia: mira mamá, mira lo que hago. Viçens Arnáiz nos lo dijo, cuando estuvo aquí, el niño tiene necesidad de contacto visual con su figura de apego cada dos horas como máximo. Con esta mirada se ve al niño sin prejuicios y se pueden detectar sus necesidades, las que están en los libros de psicología evolutiva y las que no están. También se les puede conocer, entender sus gustos, sus deseos, sus miedos, sus preferencias, sus capacidades y debilidades, su forma de comunicar y de relacionarse, su forma de empezar a ser.

Para mirar así hace falta una idea de niño abierta y sin prejuicios (no puedo evitar pensar en Elena Corral, nuestra compañera, con su genial definición del niño a través de varios objetos. Para hacerla eligió una esponja, unas raíces y unas alas. Genial!!!!). También hace falta vivir el trabajo y no solo hacerlo. Hacen falta altas dosis de autenticidad y sensibilidad. Hace falta amor y entrega, porque mirar puede llegar a ser muy cansado e intenso.

Hay muchas educadoras que miran con los ojos limpios y atentos y que ven lo que a otros les parecen imaginaciones. Algunas ven mas que las propias familias de los niños. Ana, que trabaja en la Escuela de El Rollo y que también participa en este proyecto, es una de las personas que tiene esa capacidad de mirar. Ella fue la educadora de mi hijo mayor y me enseñó a mirarlo cuando era un bebé. Ojalá todos tuviéramos la oportunidad de que nos miraran así alguna vez en la vida.

Pero la mirada no debe quedar relegada a la opción o sensibilidad de la educadora. Existe un modelo de escuela que gira en torno a la mirada y que tuvimos la oportunidad de conocer el curso pasado en nuestro viaje a Guastalla (gracias al Programa Erasmus+), Italia. Allí vimos como la mirada se materializaba en varios aspectos que regían el funcionamiento de las escuelas que visitamos. Mencionaré solo dos. El primero es la propia organización del curriculum educativo. Al contrario que aquí, éste partía de las necesidades e intereses expresados por los propios niños en los primeros días del curso y a partir de ahí ellos mismos lo hacían evolucionar. No hay que decir que los niños no siempre expresan sus necesidades de forma verbal clara y concisa por lo que requieren un proceso de interpretación adulta, mayor, cuanto mas pequeños son. En este proceso de captación e interpretación de necesidades juega un papel central la mirada de la educadora que debe enfrentarse a su grupo con las manos vacías y construir una relación de conocimiento profundo que satisfaga su inmensa energía vital. El segundo aspecto es la documentación pedagógica. Esta herramienta son las fotografías que hacen las educadoras de estas escuelas a todos los procesos de los niños y niñas. Y quiero insistir en la palabra procesos porque, sin duda, requiere una mayor capacidad de mirar que los resultados, por ejemplo. Las educadoras acumulan cientos de fotos de los niños y niñas en las mas diversas situaciones y esas fotos tienen un valor reconocido como instrumento en la organización de la escuela. Son un elemento para la reflexión y la programación pedagógica, son una forma de comunicación con las familias, son un instrumento en el proceso de construcción de la identidad, etc…

Las personas que trabajamos en Miradas, creemos que  hay muchas educadoras capaces de mirar. A las pruebas me remito.

Mónica, Equipo Miradas

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