El juego como razón de ser de la infancia

Cuando pensamos en una sociedad en el que la prisa y la desocialización engullen de manera cada vez mas implacable al individuo, encontramos un reducto mágico donde todavía podemos mantener un atisbo de esperanza para el ser humano. Hablamos, efectivamente, de un espacio donde es posible soñar sin restricciones ni directrices, satisfacer los deseos de otras vidas, otros lugares, otros mundos, otros yos, otros nosotros…, que por ende, nos permite acercarnos al otro de manera inefable, sin invadirle, sin esperar nada concreto, sin necesidad de lenguaje ni gestos, tan solo con la recompensa de su presencia junto a nosotros, y del nosotros como generador del yo.

Encontramos un lugar en el que no estar acompañado no significa estar solo, y en el que a su vez encontramos nuestro yo en reflejo con otros o con nosotros mismos.

Si, efectivamente, este lugar tan privilegiado nos invita a creer que es posible una sociedad que tiene sentido social y donde el individuo puede encontrar desde la diferencia su lugar particular, bien arropado en relación con los demás.

Si todavía no has identificado ese lugar del que te hablo, te invito a que eches un vistazo (no solo observando, sino mirando, desde el corazón) a una niña y un niño jugando, pues, aunque no se reduce a ella, encuentra en la primera infancia el espacio donde todo lo dicho anteriormente cobra realmente sentido.

 Es a través de él, donde desde nuestra mas tierna edad, nos reconocemos como parte de algo superior, reconocemos al otro como parte de un nosotros, nos permitimos convertirnos en actores de una obra que no tiene limitaciones espacio-temporales, que no entiende de normas preestablecidas ya que todo esta por acontecer, y en la que cualquier objeto, cualquier minúsculo grano de arena o cualquier caja de cartón desechada y reducida al olvido cobran especial relevancia como “atrezzo” inagotable en las manos sabias e inquisitorias de los niños y niñas que, al jugar sueñan, se encuentran, descubren y, en definitiva, viven.

Es aquí, en esta academia de vida en el que se sumerge la infancia cuando juega, donde debemos centrar nuestra mirada si queremos comprender, sin interferir, todos los procesos de los que están llenos los niños y niñas y que poco a poco, juego a juego van desarrollando de manera curiosa e impertinente.

He aquí la razón por la que desde el Proyecto Miradas hemos querido abrir un pequeño agujero y mirar, como si a través de una mirilla se tratase, como se van produciendo todos esos procesos y como mientras juegan, niñas y niños desgranan la existencia que les va a permitir crecer y comprender como se desarrolla el mundo a su alrededor y, a su vez, encontrar su lugar privilegiado desde el que formar parte de dicho mundo, por supuesto, jugando.

Creemos que a través de este eje vertebrador se generará un catálogo visual de 30 miradas distintas a los diferentes procesos que se dan en el juego, y nos permitirá desde el debate y la confrontación de ideas y sensaciones que nos produzca, ir un pasito mas allá en nuestro objetivo de que la infancia consiga la visibilidad y la importancia que todos los implicados en este proyecto creemos que merece.

 

Alberto. Proyecto Miradas

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