Las relaciones infantiles con el medio que le rodea

Cuando pensamos en las relaciones en esa primera infancia, etapa de la que se ocupa el perfil profesional del Técnico de Educación Infantil, paramos a enmarcarlas en un plano puramente afectivo. Sin embargo, es preciso que nuestra mirada vaya más allá y analice todas las relaciones que establece el niño o niña con su entorno de interacción.

Los niños y niñas vienen al mundo con un conjunto de sistemas de relación que facilitan su interacción con el entorno desde el mismo momento del nacimiento, facilitando que los estímulos percibidos por sus órganos de los sentidos modifiquen y reconstruyan continuamente sus esquemas cognitivos gracias a la percepción e integración de los estímulos sensoriales que facilitan la información procedente del entorno.

Para la exploración del entorno, los niños y niñas utilizan todos sus sentidos, siendo fundamental en estas edades iniciales los sentidos de proximidad, como el tacto y el olfato, por las relaciones que le permite establecer con el mundo afectivo y de los objetos.

Además, desde el punto de vista afectivo, la integración de las conductas de cariño proporciona sensaciones placenteras de seguridad y confort. Aspectos fundamentales que le permitirán tener la autonomía suficiente para, en función de su momento evolutivo, relacionarse con el entorno accionando sus conductas exploratorias. Estas conductas exploratorias le permiten relacionarse con el entorno en el que habita y no serán posibles sin la existencia de la seguridad emocional que precisa, ideas que encontramos en los discursos pedagógicos tanto de Emmy Pikler como de Viçens Arnaiz.

Será preciso entonces proporcionarles un contexto adecuado y organizado para que todas sus posibilidades de intervención con los materiales, con el espacio, con las personas favorezcan relaciones libres, interesantes y atractivas, que les permitan descubrir el mundo relacional con sus iguales, con los adultos y con el medio en el que se desenvuelven.

Relaciones, que en estos primeros años han de desarrollarse, por tanto, en un entorno de respeto de cada ritmo. En nuestra idea de niño/a como ser capaz y con características únicas, es preciso reconocerles como seres humanos diferenciados, independientes y válidos estableciendo los lazos emocionales suficientes que proporcionen la escucha activa de sus mil lenguajes,  a través de los cuales se relacionarán con sus iguales, con los espacios, con los objetos y con los adultos que acompañan de forma respetuosa su interacción en el entorno, interacción en la que descubrir todas sus posibilidades de acción.

Relaciones que se establecen con la mirada, con el tacto, con la risa, el juego, con el desplazamiento autónomo, de sí mismo o de los materiales a su alcance…

 

 

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